El fin del marketing de la exclusividad

Escribir un blog fue, para mí, que soy periodista, un proceso de construcción de mirada. Ya no se trataba de transmitir información, sino de elegir, recomendar, advertir desde una perspectiva particular de la moda, la mía.

Hubo gente que se sumó al diálogo, opinaban, presentaban sus proyectos, querían ver más. Imagino que se sintieron identificados, gustaron de la misma ropa o eligieron hacer zoom-in a este universo.

Postear en un blog, tuitear, facebookear, instagramear y hacer videos en Vine es una invitación a entrar: ver el adelanto de lo que sucede en el back de un desfile minutos antes de que las luces se enciendan, entrar al shooting de una campaña, sentarse en la primera fila de un fashion show , conocer a un diseñador que no gusta de las cámaras, ver las cosas por primera vez, y hacerlo juntos.

Pienso que ese es el encanto del fenómeno blogger: la posibilidad de compartir experiencias en tiempo real y establecer un vínculo horizontal, no de autoridad ni tampoco de admiración lejana. Son tiempos de belleza real, de moda que no incomoda, de optimización de recursos, de tendencias que son un juego, y lookearse es una fiesta. El marketing de la exclusividad está llegando a su fin.

Todavía me sorprende que una marca de diseño quiera enviarme una muestra de su colección, o que alguien me pregunte cómo combinar un vestido. Trato de divertirme, de mantener la espontaneidad y de establecer un canal de comunicación basado en la verdad. El objetivo es experimentar y abrir una ventana para el que quiera asomarse.
Autor: Mariana Riveiro
Fuente: LA NACION

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